Fracking en Colombia: riesgos versus oportunidades.

Colombia se aproxima al fin de la extracción convencional de hidrocarburos. Sus reservas no sobrepasan los 5 años de producción. Esta no es una noticia que tome por sorpresa a la industria petrolera o al gobierno nacional. Los estudios de geotectónica y las proyecciones del pico Hubbert así lo señalaron hace más de una década. 

Pese al conocimiento del futuro de los hidrocarburos en nuestro suelo, Colombia ha sido tímida a la hora de pensar un transición hacia las energías renovables  y por tal razón busca continuar la explotación de hidrocarburos  apelando a tecnologías alternas a las convencionales.  En efecto, la fracturación hidráulica no convencional, conocida como fracking,  se muestra como una alternativa para incrementar el inventario de las reservas de Colombia de 10 a 15 años producto de la estimulación de lutitas. 

Como cualquier actividad humana el fracking no está libre de generar un impacto ambiental pero es imperativo efectuar un balance entre lo que se obtiene del subsuelo y sus efectos ecosistémicos.  Justamente nos encontramos atravesando un período climático en el que la evidencia científica disponible señala la inevitable llegada de un estrés hídrico a escala global por los cuál la protección de los recursos hídricos de las naciones son un tesoro de incalculable valor.

Existen actividades humanas con una enorme huella hídrica entre las que se destacan la agricultura, la ganadería y el mismo fracking. Para las dos primeras, pese a no ser aplicadas a escala global, existen estrategias para favorecer el vertimiento de las aguas producto de los procesos productivos, de nuevo a las fuentes hídricas; el tratamiento de las aguas residuales logra involucrar al ciclo el fluido vital. Tristemente esto no ocurre con el fracking. No existe evidencia científica que demuestre que los 9 a 26 millones de litro de agua que requiere cada pozo, puede ser tratada para ser vertida nuevamente a ríos o lagos. Hasta ahora se están iniciando estudios con el óxido de grafeno para disminuir los índices de radioactividad.

Esta situación y resultados de incertidumbre epidemiológica en que se señala esta técnica como agente relacional con malformaciones del tubo neural y alteraciones endocrinológicas han llevado a que sea prohibido o que se haya declarado la moratoria en diferentes naciones del mundo.  En Colombia la Contraloría emitió una función de advertencia en la que sugería al gobierno nacional de abstenerse de aprobar el uso del fracking. Pese a la evidencia internacional y los conceptos de los entes nacionales el gobierno Santos tiene la decisión de fracturar el subsuelo con agentes tóxicos no conocidos;  la ley ampara el secreto de su uso. Ante la incertidumbre de las potenciales secuelas  para los recursos hídricos de Colombia, ¿vale la pena jugarse el futuro de loa acuíferos por unos años más de hidrocarburos? Como lo señala  B. Gracian: “la detención prudente sazona los aciertos y madura los secretos”. A los sumo, en el caso del fracking resulta más saludable determinar la moratoria que seguir alimentando su fase exploratoria.


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